Textos que aparecen en varias vitrinas de la exposición “La risa y la literatura”,  que  puedes visitarla en la propia Fundación Carlos Edmundo de Ory.

La risa del hombre – La risa de los dioses – La risa del diablo – La risa del niño

”LA RISA DEL NIÑO”

Cuando tenía un niño cerca, Ory se desentendía del mundo de los adultos. Se dedicaba –como si saldara una deuda misteriosa- a jugar con ellos y hacerles reír con trucos y juguetes de su imaginación. Esa risa positiva es la que parece estar,  en el germen, en la risa de los niños. Según Aristóteles, el niño ríe por primera vez a los cuarenta días de su nacimiento, y en ese momento se convierte en un ser humano. Carlos, que nunca dejó de ser niño, no espera tanto: defiende la risa perpetua como expresión de la ternura y de la alegría de la vida. Esta actitud queda perfectamente expresada en su Diario: “¡Risa! ¡Risa! La risa es todo. La poesía es risa. La vida es risa. Lo profundo es risa. Y la risa es el canto de los órganos. La risa es el canto de la materia…  (Imposible expresar nada esta noche)”.

Qué mejor imagen puede representar de un Carlos niño si no su escultura, plantada en la Alameda de Apodaca de Cádiz, habiéndose bajado de su pedestal, pero dejando sus huellas, como queriendo jugar  “al escondé”.

Y es esa risa,  la risa del niño,  es la que más pretendemos hacer surgir en nuestros talleres de risoterapia. Personas disfrutando, bailando,  jugando y riendo como niños.

 

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